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E27. Julián

La vida de un niño asháninka en un campamento de Sendero Luminoso. Releyendo testimonios de la CVR.

Luego de 20 años, releemos el testimonio que Julián le dio a la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), un joven que a los 8 años fue reclutado por Sendero Luminoso junto a su comunidad asháninka.

+ CRÉDITOS

Título: Julián. La vida de un niño asháninka en un campamento de Sendero Luminoso. Releyendo Testimonios de la CVR.

Guion: José Carlos Agüero.

Investigación: Tamia Portugal.

Edición y posproducción: Diego Garrido.

Locuciones: Julián-Bikut Toribio Sanchium Yampiag, narración en 1ra persona-Tamia Portugal, pos créditos-Carolina Teillier.

Realización: La Oruga – José Carlos Agüero, Tamia Portugal, Francesca Uccelli y Rosa Vera.

Agradecimiento especial a:  Natalí Durand (Doctora en Antropología Social) y a Cecilia Ruiz Huayna (responsable del Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos).

Fotografía de portada: Adrián Portugal.

Piezas musicales: I want the world stop, de Belle and Sebastian; Canción tradicional asháninka y Canción de una madre que pierde un hijo, interpretadas por Yéssica Sánchez Comanti, y Mujer Hilandera, interpretada por Juaneco.

Fragmentos externos de audio: Reportaje “Olvidados. Asháninkas anuncian bloqueo del Río Tambo”, reportaje de Kimberly Barrantes para Nativa. 

Fecha de publicación: Mayo 2024.

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Introducción

El Conflicto Armado Interno (CAI) 1980-2000 es uno de los varios hitos de crisis y violencia en la historia de las comunidades asháninkas, que guardan estrecha relación con el imaginario que el resto de peruanos comparte sobre ellas. En general, la selva ha sido vista como un lugar inexplorado, vacío, a ser “conquistado” por “los peruanos” para su explotación. Esta visión es compartida por quienes gobiernan, por las iglesias y por migrantes de otras regiones del país.

Desde ella, se expresa un menosprecio por las culturas nativas amazónicas, y se entiende a su población como a ser civilizada o como una traba para nuestro desarrollo nacional (Varese 2008, Espinoza y Fabián 1997).

 

El impacto del CAI en las comunidades de la selva central

Las cifras que expone el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) dan cuenta del fuerte impacto que el CAI tuvo en la población asháninka. Se calcula que al inicio del mismo habían 55 mil asháninkas, de ellos, cerca de 10 mil fueron desplazados forzosamente, 5 mil estuvieron cautivos por el grupo subversivo Sendero Luminoso (SL), y 6 mil fallecieron (CVR 2002). Se calcula también que durante los años del conflicto desaparecieron entre 30 y 40 comunidades asháninkas. La violencia focalizada en estas comunidades da cuenta que el conflicto tuvo un sesgo étnico, Degregori (2015) explica que más del 90% de las víctimas de asesinato o desaparición pertenecieron a las regiones más pobres de los andes y de la Amazonía. Estas cifras son una ventana a imaginar las enormes consecuencias sociales, psicológicas, culturales y políticas que tuvo el conflicto para la población asháninka.

 

El accionar de Sendero Luminoso en la selva central

En la selva central, el SL asumió una estrategia de reclutamiento forzado a comunidades enteras, asháninkas y de colonos. Julián es uno de los niños que fue reclutado forzosamente por ese grupo subversivo junto con su familia y su comunidad. Ellos pasaron a ser parte de los campamentos itinerantes senderistas llamados “Comités Populares abiertos” (Espinosa 1993), en los que su modo vida cotidiano cambió radicalmente. La población en general pasó a ser considerada una “masa” que tenía que dejar cosmovisión y su modo de vida para ser formada según los preceptos del grupo subversivo. 

Las familias fueron divididas según los objetivos de avance y sobrevivencia senderista en la zona. Los más jóvenes pasaron a ser parte del “frente mayor” del “ejército guerrillero popular” bajo estrictas medidas político militares y sometidos a un permanente adoctrinamiento ideológico, lejos de sus hogares y familiares, mientras que sus padres sufrían por la ausencia de sus hijos (Fabián 1995: 165).

En los testimonios revisados y en las investigaciones sobre la vida en los campamentos senderistas, se relata constantemente que los mandos tuvieron los mejores alimentos, armas y comodidades, mientras que la población asháninka vivía en condiciones de miseria. En esta reclusión itinerante, asháninkas y colonos eran obligados a trabajo forzado en condiciones de escasez extrema. Como consecuencia de ello, además de morir en enfrentamientos con las fuerzas del orden y ronderos, muchos murieron inanición y enfermedades no tratadas (Durand 2021, Macher 2023). Además, muchos fueron asesinados por mandato de los senderistas, los más débiles o vulnerables por significar una traba para los objetivos militares y de sobrevivencia en ese contexto de escasez y acecho militar, y otros por no cumplir con los mandatos de la organización, que obligaba a una completa sumisión (Fabián 1995, CVR 2002, Macher 2023, Villapolo 2003, Villasante 2014, Durand 2021, Espinosa 1994). 

Huidas y “Rescates”: el cambio de estrategia antisubversiva en la selva central

Entre 1991 y 1992 se da un viraje en la estrategia de las fuerzas del orden, que pasa de la sospecha y enfrentamiento contra la población, a asociarse con ella para derrotar a SL. Promueven la organización de comités de autodefensa locales y se instalan guarniciones en Cutivireni, Valle Esmeralda, Puerto Ocopa, y posteriormente, en Poyeni. Los militares y las rondas tienen entonces como objetivo la liberación de la población bajo el control senderista, para ello se hacen incursiones y se propaga la información de que si huían, no serían detenidos o maltratados, sino más bien protegidos de las represalias de los subversivos.

Aún así, huir de un campamento senderista, como lo menciona Natalí Durand  en el podcast y en sus investigaciones (2021), era una decisión difícil, pues los senderistas aplicaban represalias sobre los familiares que todavía quedaban recluidos en sus campamentos. Por otro lado, aún cuando la alianza con la población significó un avance trascendental para la derrota de SL en la zona, el proceso de “pacificación” no dejó de ser difícil, violento y represivo. Hubo constantes venganzas de las rondas contra población que participó de acciones armadas que afectaron a sus familias (CVR 2002, Villasante 2014, Espinosa 1993). Además, muchas veces los cuarteles siguieron siendo lugares en los que se ejercía violencia contra la población, se les exigía sumisión y servilismo, ocurriendo incluso casos de violencia sexual contra las mujeres rescatadas (Espinosa 1993).

Nuevamente, la iglesia tuvo un papel preponderante en este proceso, sus instalaciones sirvieron de refugio para los asháninkas y colonos rescatados, o que lograron huir del reclutamiento forzado senderista. 

 

La vida en los núcleos poblacionales

La población desplazada por la violencia, se reagrupa en “núcleos poblacionales”, en los que se aglutinaba a gran cantidad de personas. Antes del conflicto, las comunidades tenían alrededor de trescientas personas, los “núcleos poblacionales” llegaron a congregar aproximadamente a dos mil. En ellos se reorganizó la convivencia según distintas afinidades, dividiéndose en colores o cuadras. Aun así, el espacio limitado hacía la convivencia difícil: los recursos eran escasos, los terrenos eran pocos y las enfermedades se propagaban fácilmente (Fabián 1995, Fabián y Espinosa 1997). Además, las tensiones sociales originadas desde los enfrentamientos durante los reclutamientos generaron rencillas, y la población liberada del dominio senderista era

vista con sospecha, pues se pensaba que podían ser infiltrados o informantes del grupo subversivo (Fabián 1995).

Por otro lado, los lugares de refugio eran acechados por SL obligando a la población a organizarse para hacer rondas nocturnas, pues era cuando los senderistas disparaban hacia ellos: “Estoy despierta en noches de luna, porque es cuando los terrorsitas vienen a mirar o atacar. También cuando llueve fuerte el enemigo se acerca, se ve por los rastros que dejan esos malditos [que] sin compasión te matan, queman tu casa…” (Fabián y Espinosa 1997)

Todos tenían que estar bajo el mando de la Directiva del Comité de Autodefensa y a la guarnición militar. Muchos asháninkas prefirieron no estar en estos núcleos, a pesar de haber huido de SL, no querían participar de las rondas, y se refugiaron escondidos en el monte. (Fabián y Espinosa 1997)

 

Memoria

Como hemos visto, el CAI fue uno de los momentos de violencia más intensos que han vivido las comunidades asháninkas a lo largo de su historia. La dinámica de esta guerra, los asesinatos, la muerte por enfermedades y hambre, los ataques constantes, la separación de los miembros de las familias, son marcas que han dejado rastro en las relaciones interpersonales, las relaciones con el estado, y con quienes observan como externos a su cultura y etnia, sobre todo con los colonos de la sierra, a quienes siguieron identificando por un tiempo como portadores de la subversión. (Rodríguez y Espinosa 1997).

Investigaciones cercanas al periodo de declive del conflicto, nos muestran como se fue construyendo una memoria de lo vivido. Entre inicios y mediados de los 90s Beatriz Fabian (1995, 1997) y Oscar Espinosa (1997), trabajaron con las familias desplazadas en los núcleos poblacionales, y pudieron reconocer cómo esas memorias se convertían en cantos y poemas testimoniales:

Villapolo (2003) encontró que recordar la violencia del CAI era problemático para quienes querían adecuarse a los paradigmas del progreso, porque creaba trabas y desconfianzas con quienes lo promueven, que suelen ser externos a las comunidades. Al mismo tiempo, recordar era útil, porque advertía hasta dónde puede llegar el abuso y la violencia que podía ejercerse sobre ellos, era necesario desconfiar de las promesas del progreso, como se debió desconfiar de SL y de sus proyectos.

Esta autora y Norma Vásquez trabajaron con los niños que estaban en los núcleos poblacionales, los niños de la generación de Julián, cuya infancia que fue atravesada abruptamente por la violencia y la muerte. Durante mucho tiempo vivieron bajo el temor de los castigos que SL podía cometer sobre ellos o sus familias; convivieron con advertencias constantes de que si los ronderos o los soldados los encontraban, ellos y sus familias iban a ser asesinados o maltratados, y muchos fueron testigos de la muerte o asesinato de sus padres o madres. Varios llegaron sin sus familias a los núcleos poblacionales, una parte de ellos fueron “huérfanos temporales”, hasta que sus padres o madres pudieron salir del dominio senderista, otros fueron adoptados por otras familias, o se quedaron en los centros religiosos de la zona. Las madres y padres viudos tendieron a “juntarse”, y los hijos tuvieron que adaptarse a una nueva composición familiar que no les fue fácil asimilar. Estas autoras observaron que muchos mostraban signos de depresión, sobre todo los más pequeños y los que recién llegaban al núcleo poblacional. Durante las sesiones que tuvieron con ellos, “los sucesos traumáticos eran revividos repetidamente” (117), las autoras aconsejaron en ese entonces: “que para prevenir la legitimación de la violencia como estrategia de resolución de conflictos [era] necesario facilitar la comprensión de parte de los niños de las causas y actores del conflicto armado, promover la aceptación de las reacciones afectivas frente a los sucesos de violencia y pérdidas, y potenciar los recursos adaptativos propios de su cultura” (120).

Una de las instituciones del Estado que tuvo presencia en la zona con el declive del conflicto fue el Programa de Apoyo al Repoblamiento, pero tendió a promover el establecimiento de las familias andinas en los espacios que antes habían sido ocupados por los asháninkas, creando más tensiones entre ambas poblaciones. Por otro lado, “el Estado aprovechó el desplazamiento de los asháninkas para entregar importantes contratos de extracción forestal en tierras indígenas” (Santos Granero y Frederica Barclay 2010) imponiendo los intereses foráneos por sobre la readaptación de los asháninkas a sus propios territorios. 

La llegada de la CVR fue un momento en el que estas memorias fueron evocadas ante un organismo estatal, que reconoció el valor de sus vivencias. Es cuando Julián dio su testimonio, apenas 8 años después de haber salido del dominio senderista. La gran cantidad de relatos recogidos en la selva central da indicios de lo que significó para las víctimas el poder expresar sus experiencias, tener contacto con la oficialidad del Estado, ser reconocidos por este, y poder expresarse sobre las secuelas les dejó el conflicto y las reparaciones que requerían. Es llamativo que estos pedidos suelen ser modestos en comparación con el daño que la guerra les dejó, generalmente piden que los servicios básicos lleguen a las comunidades, sobre todo los educativos para sus niños, poder acceder a vestimentas y a proyectos productivos para sus cultivos. Es reiterado el pedido de que se pueda vivir en paz, tal como lo expresa Julián al final de su relato. 

Pero la violencia, aunque con menos intensidad, ha seguido siendo continua y sistemática. Las comunidades siguen estando bajo el acecho de peligros de los remanentes de Sendero Luminoso, ahora asociados a economías ilegales, y otros más recientes y con más predominancia, como el narcotráfico y la tala ilegal. Lo que se denominó durante el CAI como “abandono” de las comunidades nativas amazónicas, sigue su curso con la violencia que impone la ilegalidad de estas actividades que se asocian con una presencia corrupta del Estado. Barclay y Granero (2010: 27) reseñan cómo en reservas comunales asháninkas del Río Tambo, madereros ilegales construyeron “12 kilómetros de carreteras y dos aserraderos, y extrajeron millones de pies cúbicos de madera antes de ser detenidos en junio del 2008”

Pero esta visión extractivista que va en contra de la visión asháninka del territorio amazónico, no solo es ilegal.  Es la legalidad la que enfrenta a los asháninkas con el Estado. La visión de la selva como un lugar a ser explotado es el telón de fondo sobre el que se promueven legislaciones que generan los conflictos sociales del presente en la zona. Estas suponen que el estado tiene prerrogativas sobre las tierras de las comunidades y criminaliza a sus líderes (Granero y Barclay 2010), como se puede apreciar en las declaraciones del presidente Alan García en medio del conflicto en Bagua en el 2009: 

Por otro lado, si bien existe y se propaga una épica sobre el “rescate” de los asháninkas del dominio de Sendero Luminoso, es poco lo que se cuenta sobre las experiencias personales de quienes fueron sus víctimas. La voz de Julián nos cuenta en primera persona sobre su socialización temprana bajo una lógica de guerra que marcó su visión del mundo de una manera muy distinta a cómo lo hubiera hecho su entorno familiar y comunitario sin el conflicto armado de por medio. 

A través de Julián podemos ver, además, que lo que generalmente se relata como un “rescate” ha sido en realidad el desenlace de años de cansancio y acumulación de experiencias de violencia y miseria, que él mismo tuvo que culminar a pesar de temer por la sobrevivencia de sus hermanos. Además, sus vivencias fuera de los campamentos senderistas también fueron penosas y violentas, lo que da cuenta de lo difícil que fue sobrevivir aún cuando el conflicto estaba ya en declive.

Las comunidades asháninkas son ejemplo de la importancia de plantearnos qué significa “reconciliación” y valorar su importancia. Aún habiendo pasado tantos años, la desconfianza generada en los años del CAI emerge cada cierto tiempo y se convive con un válido resentimiento, que hace difícil la reconstrucción de las relaciones entre los ciudadanos de nuestra amazonía. 

 

BIBLIOGRAFÍA

Actualidad Ambiental. Alan García negó haber dicho que poblaciones indígenas “no son ciudadanos de primera clase”. Disponible en: https://www.actualidadambiental.pe/alan-garcia-nego-haber-dicho-que-poblaciones-indigenas-no-son-ciudadanos-de-primera-clase/ (última consulta 09/04/2024). Lima. 2016.

Comisión de la Verdad y Reconciliación. Informe Final. Disponible en: https://www.cverdad.org.pe/ifinal/ (última consulta 09/04/2024). 2002.

Degregori, Carlos Iván, Tamia Portugal, Gabriel Salazar y Renzo Aroni. No hay mañana sin ayer. Batallas por la memoria y consolidación democrática en el Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos. 2015.

Durand, Natalí. Enchike pishintsite. El pasado que no pasa. Memoria, mitología y necropolítica, PCP-Sendero Luminoso y su impacto en el pueblo ashaninka 1980-2010. Tesis doctoral. México DF: Universidad Latinoamericana. Disponible en: https://ri.ibero.mx/handle/ibero/6576 (última consulta 09/04/2024). 2021.

Espinosa, Oscar. Las rondas Asháninka y la violencia política en la selva central. En: América Indígena, Volumen LIII, Número 4, oct.-dic. México DF: Instituto Indigenista Interamericano. 1993.

Espinosa, Oscar. De héroes y tumbas y un pueblo desplazado. Ideele Nro 71-72, diciembre. Lima: Ideele. 1994. 

Fabián, Beatriz. Cambios culturales en los asháninka desplazados. En: Revista Amazonía Peruana. N° 25-octubre. Lima: Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica. 1995.

Fabián, Beatriz y Oscar Espinosa. Las cosas ya no son como antes. La mujer asháninka y los cambios socio-culturales producidos por la violencia política en la Selva Central. Serie Documentos de trabajo. Lima: CAAAP. 1997.

Macher, Sofía. Ser una mujer de «la masa» en el «nuevo Estado» senderista. Argumentos, 4(1). Disponible en: https://doi.org/10.46476/ra.v4i1.146. (última consulta 09/04/2024). Lima: Instituto de Estudios Peruanos. 2023

Rodríguez, Marisol y Oscar Espinosa. Múltiples retornos a una misma tierra. CAAP. Lima 1997.

Granero, Santos y Frederica Barclay. Bultos, selladores y gringos alados: percepciones indígenas de la violencia capitalista en la Amazonía peruana. En: Revista Anthropologica, año XXVIII, N° 28, Suplemento 1. Disponible en: file:///C:/Users/asus/Downloads/1369-Texto%20del%20art%C3%ADculo-5284-1-10-20120326.pdf (última consulta 09/04/2024). PUCP. 2010.

Varese, Stefano. La Sal de los Cerros. Resistencia y utopía en la Amazonía peruana. Lima: Fondo Editorial del Congreso. 2008. 

Vásquez, Norma y Leslie Villapolo. Las consecuencias psicológicas y socioculturales de la violencia política en la población infantil asháninka. En: América Indígena, Volumen LIII, Número 4, oct.-dic. México DF: Instituto Indigenista Interamericano. 1993.

Villapolo, Leslie. “Senderos del desengaño”. En: Degregori, Carlos Iván. ed.  Jamás tan cerca arremetió lo lejos. Lima: Instituto de Estudios Peruanos. 2003.

Villasante, Mariela. La violencia senderista entre los asháninka de la selva central. Datos intermediarios de una investigación de antropología política sobre la guerra interna en el Perú (1980-2000). Disponible en: https://lum.cultura.pe/cdi/documento/la-violencia-senderista-entre-los-ashaninka-de-la-selva-central-datos-intermediarios-de (última consulta 09/04/2024). Lima: Idehpucp e Ifea. 2014.

[Canción de fondo: “I want the world stop”, de Belle and Sebastian]

TAMIA: Soy Tamia. Tengo 46 años. Trabajo sobre el pasado de violencia en el Perú, y siento que mi trabajo últimamente no tiene mucho sentido. Puede ser una crisis de la edad. En pleno siglo XXI es difícil sentir que la vida tenga algún significado. Despertamos, trabajamos, dormimos, finalmente morimos, y ojalá seamos el recuerdo de alguien.

[Continua la canción de fondo: “I want the world stop”, de Belle and Sebastian]

TAMIA: Voy hacia el centro de la ciudad. Hago malabares para que todo funcione, el colegio, el hijo, la casa, la familia. Escucho la radio en el bus. Siempre hay un político o un ex militar negando violaciones de derechos, justificando delitos, reescribiendo la historia sin pudor. Es lo normal. 

[Sonido de calles]

TAMIA: Aunque trabajo en esto desde hace un par de décadas, reconozco que no sé cómo enfrentar la manipulación que los grupos de poder hacen del pasado. Y me frustro. O a veces, que es peor, no siento nada. Y creo que, como yo, andamos todos. Un poco cansados.

[Sonido de carpetas, papeles, archivos]

CECILIA: Tamia, este es el expediente de hoy…

TAMIA: Gracias Cecilia…

Ella es Cecilia. Trabaja en el Centro de Información para la Memoria Colectiva y los DDHH de la Defensoría del Pueblo. Allí están los archivos de lo que fue la Comisión de la Verdad. Más de 16 mil testimonios recogidos entre el 2001 y el 2003.

Casi nadie conoce este lugar. Solo investigadores, historiadores, peruanistas.

CECILIA: Mira, te recuerdo que en cada carpeta vas a encontrar, primero, la ficha con datos sobre dónde y quién recogió el testimonio, luego datos personales de quienes fueron entrevistados. Luego el las víctimas, la de los perpetradores, y el relato en sí mismo. Este es un resumen de la entrevista, con citas textuales. Muchos files contienen también otros documentos como de identidad, de trámites, recortes de periódico. Mnn, las víctimas de desaparición tienen además fichas antemorten, con información para identificarlas… bueno, si alguna vez son encontradas.

[Sonido de pasar páginas]

TAMIA: Cecilia es muy amable. He revisado ya mucho de estos files. Una fila silenciosa de horrores. No sé qué historia contar. Me da miedo decir algo valioso de la vida de alguien, en un momento donde no existe la verdad, donde parece que nadie la aprecia.

CUÑA: La Oruga, un podcast para pensar el presente desde nuestras memorias. [Canción de fondo: “I want the world stop”, de Belle and Sebastian]

JULIÁN: Era 1988, yo tenía 8 años. Vinieron como 6 personas, diciendo “venimos a organizar una política para el partido”, “vamos a combatir a todos los millonarios”. Mi papá no quería aceptar, temblaba, pero sintiéndose amenazado de que lo maten, aceptó. Ese día nos fuimos con Sendero como 20 familias.

Ahí estaban jóvenes de distintas edades, de entre mi edad y 30 años, hombres y mujeres, gente de la sierra, nativa, de todos sitios llegaron.

TAMIA: Leo a Julián, un niño ashaninka que tiene solo 8 años, un año menos que mi hijo. Así de pequeño lo reclutó Sendero Luminoso junto a toda su familia, y así de pequeño lo separaron de su padre, de su madre, sus hermanos, sus abuelos. Este expediente no tiene muchas páginas, unas 15…

JULIÁN: Me enviaron a Ayacucho, a la sierra. En Huanta hacía frío, yo sufría bastante, ya no aguantaba. Los senderistas me dijeron “vamos a cumplir tareas”. Entonces yo pensé “¿qué cosa será ‘tarea’?”; entonces nos fuimos a una comunidad, y ahí teníamos que robar: ropa, víveres.

TAMIA: Es la selva central, hace 40 años. Desde esas épocas, en el Perú hemos pasado por dos transiciones políticas, una dictadura, una comisión de la verdad, demasiados gobiernos… Parece tan lejano en el tiempo, y sin embargo nuevamente estamos en un gobierno autoritario en el que se han violado Derechos Humanos. ¿Qué me une a la selva? ¿Qué une a los peruanos con esa selva?

JULIÁN: A mí, como era chibolo, las primeras veces me dejaron para hacer contención, tenía que esperarles cuando iban los más grandes. Iban con armas, cuchillos. Cuando llegué, cuando mi vista encuentra que han matado, me desmayé.

TAMIA: Julián no es su nombre real. Lo llamaré así para asegurar que, si está vivo, no se perjudique de alguna manera. Este testimonio fue recogido hace 20 años, cuando lo contó era un jovencito de solo 22. Hoy tendría alrededor de 42, casi mi edad.

[Sonido de guardar cosas, cerrar cajas]

TAMIA: Regresaré mañana… Mnnn, ¿qué de la selva tenemos acá en Lima?, ¿algo que todos compartamos?… creo que esta canción…

[Canción: “Mujer Hilandera”, de Juaneco]

TAMIA: Inevitable no moverse un poco a su ritmo al escucharla. Junto a Julián, esa imagen alegre y tropical amazónica, me genera una disonancia incómoda.

JULIÁN: Cuando los senderistas mataban, a toda la gente del lugar la mataban. Después se hacía una reunión, y nos decía: “Nosotros hemos cumplido la tarea, ya hemos matado a todita la población, ahora tienen que seguir luchando. El partido nunca muere, aunque la paja vuela, el grano se queda”.

TAMIA: Para entender más el contexto, he fichado esto: Cifras de la CVR:

  • Diez mil asháninkas desplazados
  • Durante el conflicto armado desaparecieron entre 30 y 40 comunidades asháninkas.
  • Seis mil asháninkas fallecieron
  • Cinco mil personas estuvieron cautivas por el Partido Comunista Sendero Luminoso.

JULIÁN: Una época, me trasladaron a la zona de comunidades del distrito de Río Tambo, para vigilar y hacer trabajar a “las masas”. Todos estaban con anemia, y el camarada que organizaba todo, mataba a todos los que estaban anémicos.

[Sonido de disparos]

JULIÁN: Ahí en el cementerio, bastante los amontonaron, yo he visto que los han enterrado, en altura, en cantidad, a las personas anémicas, habrá como 50 personas. Yo he visto cuando han hecho esta fosa, ahí se encuentra toda esta gente muerta.

[Sonido del viento]

JULIÁN: Cuando mataban ellos decían “¡Viva!”, y alzaban sus manos. Las madres de los niños, cuando veían que mataba a sus hijos, se ponían a llorar, y los de la subversión les decía: “¡usted cállese, o quiere morir también!”.

[Sonido de palas y tierra]

TAMIA: Julián es muy gráfico en su descripción de la vida en el campamento de Sendero Luminoso. Parece que mientras lo va contando, lo está reviviendo. Me doy cuenta de que me falta información para calibrar la magnitud del control ejercido por sendero en este lugar. Tomo notas… Sé a quién puedo llamar.

[Sonido de marcado de teléfono]

TAMIA [voz a través del teléfono]: Hola Natalí, José Carlos Agüero me pasó tu número…

NATALÍ [voz a través del teléfono]: Hola Tamia, ¿qué tal? Tamia, sí, me contó que me llamarías, ¿cómo va todo?

TAMIA: Ella es Natalí Durand, le cuento sobre este podcast, sobre Julián… [voz a través del teléfono:] … y bueno, con todo lo que tú conoces a partir de tus investigaciones entre los asháninkas… mnn… quisiera que te puedan escuchar… sobre algunos temas, para que puedan contextualizar el relato de Julián…

NATALÍ [voz a través del teléfono]: Sí, claro, dime, ¿qué necesitas que cuente…?

TAMIA: Mnn, quisiera ir más atrás, pero no puedo contar toda la historia de la selva, de la colonización, retroceder cientos de años, no solo en el tiempo, sino en la mente de los peruanos… [voz a través del teléfono:] Primero quisiéramos saber, a partir de tus investigaciones, ¿cuáles piensas que son los principales hitos previos a la llegada de SL a la zona…?

NATALÍ: Antes de la aparición de Sendero Luminoso son dos hechos claves que marcan las transformaciones sociales en el territorio asháninka. El primero se da a inicios del S.XX con la llegada de las misiones franciscanas al territorio asháninka a través del río Ene. Ahí se fundan, en 1935, la misión de Puerto Ocopa, y en 1955 la misión de Cutivireni. La iglesia cambia, transforma la vida cotidiana de los asháninkas, pues comienzan a establecerse asentamientos alrededor de la iglesia.

Y un segundo hecho importante es la construcción de la carretera, la cual va a facilitar la migración de los asháninkas hacia ciudades grandes, como Huancayo, como Satipo, Lima. Pero también va a generar que gente de los andes venga hacia el territorio asháninka. Estos son algunos factores que también facilitan la llegada de Sendero al territorio asháninka… pues al migrar hacia las ciudades grandes comienzan a tener contacto con algunos mandos de Sendero Luminoso.

[Canto tradicional asháninka cantada por Yéssica Sánchez Comanti de fondo]

TAMIA: La voz de Natalí es clara, vibra. Se ve que le importa no solo el tema, sino la gente de la zona. Tengo que recoger al hijo ya. Le digo para seguir conversando después…

[Sonido de microbuses]

TAMIA: Escucho en las noticias que han asesinado a otro líder indígena, en una zona cercana a la que Julián caminó de niño, hace cuatro décadas. Me regresa esa sensación fastidiosa de para qué estaré haciendo esto.

AUDIO DE REPORTAJE: Sus demandas no fueron escuchadas. El último sábado, el histórico dirigente asháninka, Santiago Condoricón, fue asesinado de cinco balazos, frente a su familia, en su casa ubicada en el distrito de Río Tambo, en la provincia de Satipo, región Junín…

[Sonido de disparos y de pájaros]

JULIÁN: La subversión tenía su ley. Cuando tú agarras a la fuerza, cuando haces una violación, el partido te va a matar, pero puede perdonar tres veces que hayas violado. Si violabas te criticaban: “¿por qué haces estas cosas?, al partido no le gusta”, y segundo, tenías que contar tu vida, desde pequeño hasta la actualidad, lo hacías delante de todos. A la 4ta vez ya no te perdona, ya te enterraban.

NATALÍ: La “época de campaña”, como la denominan los ashánikas, se inicia aproximadamente en 1988 con la llegada de “Feliciano”, el “camarada Feliciano”, al territorio asháninka y su asentamiento en la base o cuartel de Vizcatán. En esta época se intensifican las quemas de comunidades y los reclutamientos forzosos de cientos de asháninkas a las filas de SL. La estrategia “felicianista” era iniciar una “guerra de guerrillas”, es por esto el reclutamiento masivo y las largas jornadas de entrenamiento militar, los enfrentamientos con los sinchis y con el ejército. 

[Marchas cantadas por niños reclutados por Sendero Luminoso]

NATALÍ: La vida cotidiana en el campamento empezaba muy de madrugada, cantando el himno del “presidente Gonzalo”, aproximadamente a las 4 de la mañana. Seguían con entrenamientos físicos, y además el entrenamiento de armas, las cuales no tenían. Tenían poco armamento, así que les enseñaban a través de la imaginación cómo debían disparar para que cuando tengan un arma, pueda aplicar este entrenamiento. La comida cotidiana eran hojas de chalanga, que es la ortiga, estas hojas de chalanga con agua, mientras los mandos senderistas tenían otro tipo de comida, eso siempre lo señalaban. No podían dormir más de 4 horas y siempre debía haber dos personas despiertas para realizar la guardia.

TAMIA: Luego de cinco años, Julián fue enviado nuevamente a Río Tambo. Casi puedo escuchar a alguna gente dudando: “¿cinco años, y por qué no se escapó?”…

NATALÍ: Los y las asháninkas que viven en los campamentos de SL son sometidos a través de diferentes estrategias de control social para que vayan perdiendo esta capacidad que tenemos los humanos de resistir y así deberles obediencia absoluta. Entre estos mecanismos de control tenemos, por un lado, los asesinatos selectivos, de carácter aleccionador, estos se daban a quienes desobedecían las órdenes y cometían algún acto de indisciplina, como robar la comida de los mandos, desobedecerlos…

TAMIA: ¿Servirá de algo compartir la voz de Julián para responder esas preguntas?… suelen ser, más bien, cuestionamientos… sigo dudando… En Río Tambo, Julián se encontraría de nuevo con su familia…

JULIÁN: Me dicen los subversivos que tenía que regresar a la zona de mi comunidad, donde estaba mi familia, para hacer trabajar a la “masa” allá. Ya tenía 13 años. Cuando llego, mi mamá ya estaba muerta. Mi hermano Jesús me contó que ha muerto así nomás, agarrando su cólera, con cólico, “así ha muerto, con frío”, me contaba mi hermano. Me encuentro a mis hermanos ya sin padres, que dejaron seis hijos. A mis abuelos los mataron con cuchillo, la subversión, ellos fueron muertos.

NATALÍ: El asesinato debía realizarlo algún familiar de la persona que iba a ser asesinada, porque además era un acto, por el otro lado, de devoción al partido. Y se realizaba siempre con un cuchillo o con un machete, que muchas veces no estaba bien afilado, o que también estaba oxidado, porque las balas no se gastaban en un traidor, en un indisciplinado, sino solamente en combate.

Si lograbas escapar del campamento senderista, las personas responsables de tu huida serían otra vez tus familiares: hermanos, hijos, padres. Ellos serían los asesinados de manera aleccionadora frente a las “masas”. Esto hacía muy difícil los intentos de escape, porque una persona puede ser responsable de su propia vida, pero cargar con la muerte de un ser querido hace que sean muy pocos quienes consideren esta opción…

[Sonido de pasos acelerados, jadeo, plantas]

TAMIA: A pesar de todos los temores, de todas las consecuencias posibles, a los 14, luego de seis años de reclutamiento…

JULIÁN: Me escapé, ya no aguantaba más. Regresábamos un día de Vizcatán y yo les engañé a los de sendero diciéndoles: “Voy a ir a vigilar. Yo voy adelante”. Y cuando me adelanté, corrí, me escapé. Yo pensaba: “cuando escapas la ronda te va a matar”. Por eso no quería escaparme antes. Pero ya me salí, me enfrenté, y dije: “no importa lo que pase”. Yo me escapé, pero yo dejé a mis hermanos, que se quedaron con la subversión.

[Sonido de pasos corriendo y persona respirando rápido]

JULIÁN: Me he dirigido hasta la comunidad que estaba más cerca, ahí tenía un tío. Él llegó y me dijo: “¿quién eres?”, de frente yo le contesté: “yo he escapado de la subversión”, “¿tú solo?”, me pregunta, yo le contesté: “sí, solo”. Me dijo: “siéntate y cuéntame”. Pero antes me confesó que él estuvo también en la subversión, y que los de la ronda lo han rescatado. Me dijo: “Ellos no te matan, al contrario, te reciben. El soldado tampoco te va a matar, más bien te va a preguntar dónde se encuentra sendero y tú tienes que guiarlos”. En ese instante yo me he alegrado…

NATALÍ: Es partir del cambio en la estrategia antisubversiva cuando el ejército reemplaza a los sinchis y se incluye una estrategia que ya había funcionado en la sierra, como son las rondas, que la situación de los asháninkas en los campamentos cambia. Las rondas nativas entran como avanzada del ejército, reconociendo los caminos, infiltrándose en los campamentos, generando alianzas con los asháninkas que estaban dentro de los campamentos y también con los asháninkas que vivían en el monte, para comenzar con los «rescates»…

JULIÁN: Mi tío me llevó a la base del ejército, donde un oficial me entrevistó una hora y me dijo: “tú eres un niño de 14 años, no te preocupes, no te va a pasar nada”. Un señor de la comunidad me preguntó si quería vivir con él, y yo le contesté que sí. Él me recogió y me llevo a vivir a su casa. Me puso a estudiar. Ahí me quedé trabajando en su chacra de cacao, cada cierto tiempo me daba mis propinas, yo ya me sentía libre.

TAMIA: Ya sentía que llegaba el final del testimonio… pero…

JULIÁN: Después de un tiempo, cuando tenía 15 años, otro señor que formaba parte de la patrulla de la ronda, me ha obligado a salir para ir a hacer patrulla. Entonces hubo un enfrentamiento, en setiembre del 95, entre los subversivos y la patrulla de la ronda. Quedé herido, me llevaron a Satipo para que me curen, tuve el apoyo de la Cruz Roja Internacional. En este accidente que tuve, me quedé inválido, ya no he podido caminar. Cuando regresé, yo escuché: “están libres tus hermanos”. Y nos hemos vuelto a encontrar de nuevo, pero yo ya no llevo el apellido de mis padres, me cambié de nombre.

TAMIA: Natalí también reflexiona sobre este escapar hacia un nuevo tipo de violencia. Parece una historia sin fin. Aunque todo acaba, al menos un capítulo…

NATALÍ: Hay dos grupos de personas: los que regresan a las comunidades en las que vivían, y las personas que van a comunidades vecinas o a otras comunidades. ¿Por qué se da eso?, porque la gente que no regresa a su comunidad considera que su comunidad es “un lugar que bebe sangre», ¿qué implica ser un “lugar que bebe sangre”?, es un lugar donde se ha realizado alguna matanza, donde han matado a un familiar, donde, obviamente, ha corrido sangre, y por eso para ellos es un lugar maldito en el cual no pueden regresar a vivir…

JULIÁN: Mi hermano Jesús se ha muerto por tristeza, de mi papá, porque él hablaba: “nuestro papá lo han matado los subversivos, ¿por qué lo han matado? Yo algún día encontraré a los de la subversión y los mataré”…

[Sonido de río]

JULIÁN: Entonces mi hermano tomó la decisión de acabar con su vida, se suicida. Después de cinco días, su cuerpo fue encontrado, tirado en Río Alberta. Psicológicamente yo me siento más o menos, me quiero recuperar, tal vez ya estoy olvidando todo lo que ha pasado con mis padres y mi hermano Jesús. En estos momentos, más que nunca, yo quiero bastante a mis hermanos. Quiero apoyo, recién estoy recuperando mi salud. Necesito que me apoyen en mi situación que estoy, inválido, ya no puedo trabajar, no encuentro una profesión. Ya no queremos que regrese Sendero con su violencia, queremos vivir en paz. Debemos aprender que entre peruanos mismos, nos hemos hecho daño.

[Sonidos de la selva, sonido de niños en un parque]

TAMIA: Estoy aquí, con mi hijo en el parque. Lo veo jugar, en un lugar lleno de gente con sus propios asuntos. Lejos de el niño que fue Julián. Del hombre que ahora en algún lugar es.

[Canto tradicional asháninka interpretado por Yéssica Sánchez Comanti]

CRÉDITOS: Hemos escuchado “Julián”. Este episodio ha sido escrito por José Carlos Agüero. Tamia Portugal estuvo a cargo de la investigación del caso, Diego Garrido realizó la edición y producción del audio.

Bikut Toribio Sanchium Yampiag caracterizó la voz de “Julián”. Tamia Portugal hizo la narración en primera persona, y Carolina Teillier la lectura del texto de los pos créditos.

Le damos un especial agradecimiento a la antropóloga Natalí Durand Guevara, por su colaboración en este podcast.

Se emplearon fragmentos de: I want the world stop, de Belle and Sebastian; de Canción tradicional asháninka y Canción de una madre que pierde un hijo, interpretadas por Yéssica Sánchez Comanti, y de Mujer Hilandera, interpretada por Juaneco.

Se usó un fragmento del reportaje “Olvidados. Asháninkas anuncian bloqueo del Río Tambo”, reportaje de Kimberly Barrantes para Nativa.

El texto de los pos créditos fue recogido por Beatriz Fabián, se titula: Canción en las bases senderistas recordando a los hijos e hijas que sendero Luminoso se llevó a ser parte de la fuerza armada de SL, y fue publicada en 1995.

Esta historia está basada en un testimonio recogido por la CVR en el año 2002.

La Oruga es parte del proyecto de El Presente de la Memoria del Instituto de Estudios Peruanos, y puedes encontrar información adicional a este podcast en laoruga.pe

 

[Canción de una madre que pierde un hijo, interpretada por Yéssica Sánchez Comanti]

POS CRÉDITOS:

Estoy Triste

Hemos dejado a nuestra familia,

Tenemos pena,

Comenzamos a llorar de tristeza.

Nosotros nos ponemos tristes,

Nunca veremos a nuestros hijos

Padres, hermanos,

Qué vamos a ver ya.

Cómo estarán ellos allá,

Ellos también están tristes,

Por nosotros, y desesperados

Pensaran ellos que nosotros

estamos muertos o que vivimos.

También ellos comenzarán a cantar de tristeza,

¿dónde está?, mi padre, mi madre.

En este episodio se narra la vida de un niño que tuvo que vivir seis años en un campamento senderista itinerante en la selva. Durante ese lapso de tiempo, fue separado de su familia, tuvo que participar en acciones armadas, su madre murió por las difíciles condiciones de vida en el campamento, y su padre y abuelos fueron asesinados. Su vida representa la de muchos ciudadanos peruanos asháninkas, cuyo cotidiano quedó desestructurado con la violencia senderista, que tuvieron que rehacer sus comunidades y sus vidas luego de pérdidas irreparables, y que en el presente viven nuevas formas de violencia.

Conocer: ¿Sabías de la vida de personas como Julián?, ¿qué piensas acerca de que muchos niños fueron reclutados por Sendero Luminoso para ser niños soldados para sus acciones armadas? ¿Qué conoces sobre las comunidades Asháninkas, sobre su historia, sobre su cultura?, ¿qué piensas acerca de que nuestro país sea culturalmente diverso, cuáles son las ventajas y los retos que esta característica nos plantea como nación?

Significado: ¿Te parece significativo haber escuchado este relato?, ¿por qué? ¿Cómo te imaginas que fue la vida de Julián luego de los eventos que le contó a la CVR, cómo crees que es su vida en el presente? ¿Cómo crees que es la convivencia hoy en las comunidades nativas luego de eventos tan violentos?

Responsabilidad: ¿Qué te dice el testimonio sobre nuestra sociedad actual?, ¿cuáles son los retos que viven hoy las comunidades asháninkas y qué relación encuentras con lo que vivieron durante el Conflicto Armado?

Testimonio: ¿Por qué es importante que la CVR haya recogido testimonios en las distintas regiones del país?, ¿por qué es importante en particular que hayan tomado en cuenta a las y los ciudadanos asháninkas?, ¿qué sentido tiene releer esos testimonios en el presente? ¿Por qué crees que no usamos el nombre original de Julián en el podcast?

El 2023 se cumplieron 20 años desde la publicación del Informe Final (IF) de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).

Para La Oruga, es necesario actualizar la importancia de la CVR luego de que la participación política y la institucionalidad fuera arrasada por la violencia que vivimos durante conflicto, que repercute en nuestro presente. Decidimos que una manera de contribuir a mostrar la actualidad de su labor es darle visibilidad a una de sus obras más importantes: los más de 16 mil testimonios que fueron recolectados para su investigación entre el 2000 y el 2002. Estos testimonios fueron la fuente primaria de sus resultados y recomendaciones, muestran el valor de su proceso de trabajo, y significan un hito ético y político de reconocimiento ciudadano en la historia de nuestro país.

Su recopilación fue un esfuerzo de democratización: una institución estatal, oficial, tomó el reto de registrar las experiencias de la mayor cantidad posible de gente afectada por la violencia, en un contexto en el que se negaba la gravedad de los hechos vividos en los 80s y 90s.

Los testimonios de la CVR expresan no solo la trascendencia de la defensa de los derechos humanos para nuestra convivencia social, sino también la necesidad de lograr justicia y ciudadanía igualitaria para todos los peruanos y peruanas. Testimoniar fue un acto político, individual y colectivo, significó crear espacios de denuncia y de elaboración personal y comunitario.

¿Cómo enunciar la voz de las y los testimoniantes de un modo que no los revictimice?, ¿cómo traerla al presente? Es ineludible expresar el daño, el dolor, la pérdida y las secuelas evidencian, pero quisimos que los hechos relatados se muestren como parte de trayectorias de vida, que conforman una experiencia colectiva dentro de la historia de nuestro país.

Más de veinte años después de haber sido enunciados, los eventos que se relatan en los testimonios recogidos por la CVR, nos ayudan a comprender nuestras relaciones en el presente. Por eso, hemos optado por crear una serie, en la que, desde sus episodios, podamos mostrar y reflexionar sobre la experiencia personal de los testimoniantes enlazándola con las reflexiones de quienes pueden acceder a ellos hoy. En ese ejercicio, nos interesa vincular esas experiencias del pasado -sus causas, su práctica y sus consecuencias- con los cambios y continuidades sociales que vivimos en el país en el presente.

Pretendemos que esta colección de relatos vaya creciendo a lo largo del tiempo, buscando cubrir distintos aspectos de las experiencias personales y colectivas que se vivieron durante el conflicto armado. Nos interesa reflejar sus distintas etapas, la experiencia regional, las distintas afectaciones, y la diversidad de profesiones, historias de vida o culturas de quienes dieron su testimonio para ser escuchados por el país.

Guiones: José Carlos Agüero

Trabajo de investigación: Tamia Portugal

Edición y producción de audios: Diego Garrido.

Equipo LaOruga Podcast: Rosa Vera, Francesca Uccelli, José Carlos Agüero, Tamia Portugal.

Proyecto: El Presente de la Memoria del Instituto de Estudios Peruanos.